“Una fantasía se me ancla en la cabeza, se dibuja con el
humo de tabaco blanco envejecido. “
Tú... hormigueas mis dedos como solías hacerlo, besas la
palma de mis manos como aún lo puedo recordar. Como un pestañeo, como algo que me ha entrado
de golpe en la retina te he cogido al caminar… Y a mitad de este camino, un día
cualquiera, la rutina de mis pasos tambalea de sorpresa. Hay una emoción añeja que
hoy he vuelto conocer. Tu ilusión, tu ilusión se hace precisa. Necesito sacarte
de mi mente, revivirte de mis dedos… de mi cuerpo, pero te deslizas con el
sonido de las piedras en el río, como un hilo de color en la madeja de mis días
te pierdo en la costumbre, con los giros del momento, te pierdo en el sueño de
los que no pueden dormir y yo ya no puedo dormir, no como antes y no puedo
guardarte en la memoria (como antes). Esta memoria como mi vida se ha vuelto ahora
una valija llena de cosas que yo no elegí vivir...”
Montreal dejo en mí un cálido sabor a vino francés en el
último día de mi despedida, han sido cuatro años de mi vida dedicados a esta
ciudad. Mientras tomó el taxi de camino al barco reseño mi vida de invitado por
sus calles, reseño a la hermosa chica parisina que caminaba el bulevar conmigo.
Y finalmente mientras la popa se aleja de sus costas me preguntó si he sentido
el tiempo transcurrido. Llegue aquí esperando encontrar olvido y la tempestad
tranquila de nuevas emociones pero en este obscurecer, casi llegando a las seis,
muchas lunas después, siento que parto con grandes preguntas en la cabeza… con
más historias que antes, pero con menos lazos de los que tuve al arribar.
El barco zarpó. La marina ante mis ojos golpea mis recuerdos,
humedece mi entereza robándome una lágrima que excuso con la sal del viento –
“Es el agua de mar que lastima los ojos…” – Me digo para no sentirme
avergonzado. Montreal habría sido una linda ciudad para vivir toda una vida si
solo me hubiera convencido de tal hecho.
En Montreal los días transcurren como si las vidas de las
personas no tuvieran fin. El renacimiento de sus calles suspendidas en el
tiempo oculta de manera casi imperceptible la modernidad de la ciudad. Las casas
son como lienzos de Renoir. Retratos cotidianos quedan capturados en sus muros con
tanta facilidad que por mucho y aún hasta ahora creo en la ciudad de velo
impresionista que alguna vez dulcemente llamaste hogar.
Pero hoy… al fin siento que te he perdido, después de mucho
tiempo, siento por ti. Suprimí tanto dolor que con los días fui perdiendo
vitalidad me volví un ser humano más, un pasajero del reloj, de los terceros,
un conserje más en el piso del mundo. ¿Y
ahora? Que hago ahora que te tengo aquí. Como esquivar la curva del olvido…
Espero me perdones Vivien pero marcharme fue lo único que
atiné a hacer… tan hermosa como fue, Montreal en esos días solo me traía
recuerdos tristes y tan aletargado en mi vida como estuve no quise volver
atrás… así fue que lo mejor que pude hacer por ti fue llevarte conmigo a vivir
a otro lugar, mi último regalo hacia ti, mi primer amor, fue seguir conociendo
el mundo.
Los días de secundaria transcurrieron sin mucha emoción, así al
acabar mi último año me percaté de que mi círculo social había cambiado. Con el
tiempo la gente popular me fue encontrando menos interesante y las personas que
antes ni siquiera había reparado en ver fueron a quienes más me iba acercando,
imagino que mi madurez en algunos temas me hizo menos divertido.
Ser un alumno de intercambio el último año debe ser algo muy duro
pero también debe llevar una razón muy importante. Su nombre era Alhelí, era
una chica de contextura delgada a veces parecía ser algo enfermiza. Sus
cabellos largos eran de un castaño muy clarizo y al final de la frente a la
derecha se podía notar una hebra de cabello lila que muy seguido solía ocultar
recogiendo su cabello tras su rostro.
“Alhelí tiene los ojos claros, marrones claros, casi cafés, la
verdad nunca he sido bueno para identificar ese tipo de cosas, solo te diré que
eran muy silenciosos, al igual que sus palabras y su forma de andar”.
Casi afueras de la ciudad había una casona que nunca había sido
habitada, por lo menos no hasta ese momento. La familia de Alhelí se instaló
los primeros meses allí, al parecer era de unos familiares lejanos. Al cabo de
unas semanas la casa fue recobrando poco a poco su color inclusive el pequeño
vivero en la parte de atrás fue reconstruido, se decía que era la misma Alhelí
quien empezó a cuidar las plantas y flores del lugar. Muchas veces al llegar
pude percatarme de rastros de maleza en su mochila, sin olvidar claro su
inconfundible fragancia a rosas.
Con los días la gente del pueblo comenzó a acudir a ella. La
noticia de que sus flores eran muy hermosas no era mentira y esto hacía que las
personas se acercaran a preguntar por ellas. Muy pronto el vivero en la casa
Macheri se volvió uno de los atractivos de la ciudad.
“La vida debería ser feliz y alegre… y llena de color… como las
flores ¿No lo crees así?”. Un día que por encargo de mi madre fui a pedir unas
flores Alhelí me contestó con esta pregunta. “Creo que si alguien puede
entenderlo quizá seas tú, mi padre solía decirme eso. Él era amante de estas
flores, por eso me nombró como una de ellas…”.
La chica de las flores como tan tiernamente se le comenzó a llamar
fue ganándose el cariño de todos en el salón y aunque siempre mantuvo su andar
tranquilo y prefería no ser el centro de atención a veces resultaba ser
inevitable. Ese año la escuela tuvo a la reina de primavera más linda de la que
yo pueda recordar. Al terminar ese día, cuando nuestras conversaciones y
visitas ya habían sido tantas como para estar un momento a solas nos dirigimos
al vivero para platicar entre fragancias y colores.
“Si te disgustaba, no debiste aceptar la invitación…” “No es que me
haya disgustado, es solo que no era necesario dedicarme tanto esfuerzo además
todos parecían tan encantados con la idea que no podía negarme” – Si las
razones pudieran hacer mella en esa cabeza suya hubiera continuado la idea,
pero Alhelí era una de esas personas que son capaces de sacrificarlo todo con
tal de ver feliz a los demás. Una analogía que para ese entonces ya había
calado en mí antes.
“¿Por qué cuidas tanto las flores?” “Porque eran los regalos
favoritos de mi padre, él solía decir que la vida se formaba por un puñado de
emociones y de buenos y malos momentos que al final siempre nos hacen sonreír.
Para él las flores eran la metáfora de todo aquello en lo que creía, cuando
murió llevaba un puñado de sus flores favoritas con él…” Me quede helado, en
ese instante pensé – No debí tocar ese tema – Pero ella notó mi desconsuelo.
“Descuida, tú me recuerdas a él… La noche en que se accidentó iba
en su auto afuera de la ciudad con un par de maletas en la cajuela acompañado
de una de las amigas de mi madre. Esa noche mi papa nos estaba abandonando…”
“…” “No lo tomes a mal él fue un gran padre y un buen esposo pero cada que
estaba con él podía verlo en sus ojos, lo mismo que veo en ti… una profunda
tristeza… la mirada al vacío, los ojos de atardecer. Mucho tiempo lo odié, no
entendía lo que pasó pero en aquellos días mi madre me confesó todo, que esa
amiga fue su primer amor y que en su ausencia ella se acercó a mi padre, los
tres eran amigos y aunque mi madre sabía que el aún pensaba en ella no pudo evitar
enamorarse ¿Es curioso cómo las personas se acostumbrar a cierto tipo de
emoción, no? Por muchos años mi padre creyó amarnos pero ella regresó y esos
ojos que por momentos se ausentaban comenzaron a explicar su nostalgia. Al
menos su último momento lo vivió con la persona que amaba… eso me reconforta un
poco”.
“Por eso aunque no haya sido mi culpa cuido de estas plantas con
la misma devoción con la que me hubiera gustado cuidarlo a él. Es lo que me
dejó… nuestros recuerdos felices están entre estas flores. Por eso te pareces a
él, porque en tus ojos puedo ver que tú buscas algo más allá de lo que puedes
ver, tienes esa tristeza en la mirada, en tu andar. Douma, yo no sé lo
que tu hayas perdido pero en verdad deseo que lo encuentres, porque al igual
que yo nadie estaría dispuesto a verter sus emociones en un pozo de
nostalgias…”
- Alhelí, aquella niña de piel clara y recatadas palabras estaba
en lo cierto, en todo este tiempo conociéndome advirtió mis lagunas, mis
momentos de silencio. Te notó a ti, entre las hojas… entre tanto aún sigues tu…
aún sigo protegiéndote… -
“Amapola… la flor que llevaba mi padre aquella noche eran flores
de amapola… ¿Sabes lo que significan…?”
“… La amapola es la flor de la individualidad, de aquellas
personas que son amantes de la vida, las personas que nos atraen y nos
apasionan y de los que hacen un mundo mejor pero que de ningún modo
debemos atraer a nuestro lado porque en su naturaleza se destruye o nos
destruye. Es una flor que seduce, pero que nos aleja…”
Desde cuando comenzaste a formar parte de mí, de mi manera de ser.
Mientras me alejaba del vivero sentía la cabeza estallar, había tanto de esa
noche que no estaba bien. Sus palabras, la historia de su padre, su manera de
ver la vida, de verme a mí. Sin siquiera saber si estaba del todo en lo
correcto llegue a mi habitación con un sinsabor en los labios. “A pesar que
deje de nombrarte todavía siento por ti sin que me pese…”. Alhelí y yo
terminamos la secundaria juntos, no hablamos mucho de aquella noche y aunque se
volvió muy buena amiga mía después de la graduación no la volví a ver y no la
volvería a ver si no hasta ahora, hace un par de días. Siete años después. Cari
¿Será esto una buena señal?
Si me vieras hoy, me pregunto si… seriamos amigos, si me invitarías a algo más. Lo admito, lo mucho que he cambiado, lo que puedo atraer o lo que sigo rechazando. Lentes de superhéroe, una expresión un poco tonta… “Un escote. Labial, tal vez no lo note…”.
Han de ocurrir aquellos días que tan celosamente guardaba en la memoria, más que de los abrigos, el paisaje cubierto de lluvia que imagine entre sueños, lo cuidaba de tu ausencia.
En la mañana el cansancio se impregna de un perfume que me hace padecer. Sigo buscando tu regalo algunas veces… esa gorra de pintor que siempre quise darte. Es el aroma del café y de las sorpresas que tanto evité idear. Las realizaré de todos modos, sino a ti, a alguien más, como son, a quien sea, es imposible que puedan fallar… No obstante, todavía no las hago…
El cabello más corto de lo que me quedaba ya era demasiado ¿Había necesidad de sumarle a eso una cara tan poco agraciada? Contextura delgada (Más bien flaca) de uniforme, con problemas de estética y un habla no tan fluida. A veces me pregunto cómo le hice para afrontar todos esos años con tan pocas herramientas.
“Sin tacones, no es que ahora me gusten es solo que ahora puedo notar la diferencia. La cara lavada, un par de pegatines en las orejas. Con el cabello amarrado, con cerquillo. Con nada más que mi sonrisa y algún dato curioso que mostrar: Unos hoyitos, un lunar, unas pecas… Me pregunto por qué se fijaban en mí en ese entonces…”
Camisa a rayas, lentes negros, mocasines de cuero, horario de oficina, cansancio de oficina, mirada enrojecida, comida a delivery, mi semana son los fines de semana, un mal dormir, un buen beber. Amigos del trabajo, un tanto diferentes a los amigos comunes. Amigos del colegio… ¿Será que solo fuimos eso? Vale, aunque eso para nada es poco.
“Laceado japonés, lentes de contacto, vestidos de oficina, por más que intento las arrugas en el ceño no se me van. Tal vez me he vuelto renegona. Agenda en la cartera, cepillo y pasta dental. Perfume de channel ya no tomo a hurtadillas los de mi madre ¿Aún te acordarás de esa historia? Un celular que ya nunca para de sonar. Tal vez debería apagarlo, pero ¿Y si pasa algo importante…?”
En lo alto de mi techo a la medianoche, los edificios, el distrito más alejado del norte, el frío, mi terquedad ¿En cuál de esos recuerdos estas tú? ¿A qué dirección debo mirar para poder encontrarte? Lo que antes me preguntaba. La ingenuidad de tantos años, proyectos que perdí en la madurez ¿Qué tanto habrás perdido tú…?
“Y qué si no me veo igual, no creo que él tampoco lo esté, luego de tantos años es natural cambiar. Ser más listo, más mona, menos crío. Si no resulta grato uno se puede retirar. La excusa de una emergencia en el trabajo es siempre la menos hiriente. Me siento preocupada…”
(“Los cerezos aquí son lo más bello en la ciudad…”). Tal cual lo leía en aquellas cartas, lo veo ahora. Cari, sus pétalos alfombran las calles creciendo una tentación a cada paso. “Podríamos recostarnos en cualquier lugar yo a pintar y tú a escribir…”. Gracias a esas palabras tuve los mejores sueños de mi vida aquella noche.
“Siempre supe que tu nombre quedaba genial para un escritor. De alguna forma, aún sigo esperando a que te animes, aún me gustaría saber de ti… indirectamente… siempre quise conocer tu intimidad, lo que no sabías contar en tus momentos de silencio, en los que me hubiera gustado abrazarte…”
“Para conocerte”. Para tenerte “Para saber que hay una parte de mí que nunca cambiará”. Porque quisiera que así fuese. “Porque hay cosas que quisiera llevar siempre en la memoria”. Porque tuve anhelos que aún quiero vivir. “Por eso...”. Dame más velocidad… “Dame más certeza”. Porque hay cosas que presiento de esta vida… -“Que aún puedo encontrar…”
Serán mis buenos deseos mi única manera de acercarme a ti… Las hojas de tallo rojo que apenas florecían las primeras semanas de setiembre ahora se ven marchitas. Ha pasado casi un año desde que abandonaron su color.
Los niños de primaria que antes nos veían pintar la tarde en sus columpios a escondidas ya no me preguntan si somos novios. Ahora me preguntan dónde estas. Su forma más precisa de hablar me hace comprender de nuevo, que ha pasado mucho tiempo.
Como te mencioné alguna vez, la gente del salón ya no nos fastidia, ahora tienen otra novedad. Solo las chicas que ocasionalmente me preguntan por ti, me preguntan además si pasó algo entre tu y yo, pero como ya imaginarás no les he contado nada. No creo que sean las indicadas.
Sobre el tejado de madera, debajo del árbol cerca al parque, en la tienda de los helados, por el boulevard al lado de la plaza, bajando el puente, un lugar perfecto para el atardecer. Todos aquellos, nuestros lugares favoritos, parecen verse algo diferente. Inclusive el aroma liviano de cemento en la lluvia de ciudad que tanto solía agradarte respirar creo que huele diferente. Comienzo a creer Cari, que empacaste mis sentidos en tu maleta.
El camino de regreso luego de las clases va largo hasta perderse del otro lado de mi vista. No recuerdo desde cuando comencé a contar las piedras, las grietas, la rutina de quienes pasan alrededor de mí. Entre las 6 y 7:35. Mis maneras de pasar el tiempo en esta parte del día son escribir y leer lo que me escribes. Cuando se apaga la tarde y llego a casa tengo la sensación de haber platicado contigo ¿Será verdad que los trenes de allá llevan tantas personas Cari? ¿Serán verdad las historias sobre aquel puente?
Como es costumbre aquí en el pueblo han inaugurado el festival del río. Como cada año en esta semana las actividades empiezan con fuerza, las personas ya se muestran por las calles con los atuendos de colores típicos de nuestra localidad. Las bengalas en la noche son el broche de oro ideal para las celebraciones y las danzas. Los colegios compiten para ver quien es el mejor en el carnaval. Esta vez quedamos en segundo lugar. Nos esforzamos mucho, Cari. Ganamos en el baile y en los concursos de velocidad, si seguimos así estoy seguro que el próximo año nos llevaremos el trofeo a casa. Si es así, te prometo tomarme una foto con ella y enviártela, seguro te gustará mucho.
Hoy es domingo, ya casi va a oscurecer y para terminar el festival todos los estudiantes de todos los colegios estamos en la cuenca del río cada uno con un velero. Se dice en el pueblo que si amarras una vela en un velero de papel y madera y lo dejas navegar por el río sin que este se llegue a apagar tu deseo más anhelado se cumplirá. Quizá la razón por la que solo los estudiantes hacemos la tradición es porque los adultos saben que eso no es verdad. Eso era lo que pensaba. Cari, los adultos no pierden la ilusión solo entienden que los deseos se vuelven con el tiempo metas por cumplir y el alcanzarlas depende únicamente de ellos y cuando no lo hacen entristecerse es algo inevitable. Los veleros en el río son tantos que por un momento imagino el mar, las costas de una playa, un velero de verdad. Tan grande que sea capaz de llevarme a cualquier lugar, al lugar al que más quiero llegar… Soy un niño todavía Cari, no puedo evitar volar la mente. Los miro, miro a los adultos que nos miran y quisiera estar ahí con ellos ¿Sabes que es lo que carga mi velero? ¿Dónde quisiera estar…?
La noche cubre lenta. Las velas que a lo lejos permanecen encendidas parecen reflejar las estrellas. Al final del festival uno debe contemplar las luces hasta perderlas de vista. Sin embargo yo prefiero marcharme y no mirar atrás. Un mar de velas debe ser algo muy hermoso de ver, pienso, pero el admirarlas tanto tiempo no me traerá felicidad. Serán mis rutilantes deseos mi única forma de llegar a ti… esa noche, por segunda vez Cari… quise que no fuera así.
Sabes, creo que siempre el rojo fue mi color favorito, desde
antes de conocerte siempre me llamó la atención, solo que, cuando te conocí
pude entender el porque y pude darle una razón a mi gusto imaginario. Quien iba
imaginar que aquel color que siempre pintaba mi nariz en los días de lluvia me
permitiría conocerte algún día…
-Oye, disculpa estoy a la mitad de algo muy
importante y pues… no encuentro uno de mis colores ¿Crees que me podrías prestar el tuyo? – Uhm…
y que color necesitas… - Rojo…
Yo creo que cuando se es niño todo es más sencillo y el
mundo es más pequeño, los juegos son más divertidos y hablar no resulta tan
pesado, pero para mi, aquel día fue el primero y el único día en el que me puse
nervioso por hablar con alguien y el único día en el que me fue difícil hablar
contigo. Ahora, creo que es increíble como pasamos toda esa tarde juntos: Dibujando,
pintando, platicando, viéndonos sonreír. Hoy, algo que no supe en ese momento
es que ése fue el día en el que decidí volverme escritor porque comprendí que
quería dibujar como tú ya lo hacías y que teniéndote cerca ya no sentía la
necesidad de esforzarme más en alcanzar algo que tú ya me dabas. Supongo que
también fue en ese momento en el que comencé a admirarte.
Ambos éramos unos
niños enfermizos así que preferíamos las lecturas a los juegos de campo en las
horas de recreo. Los días de ese año fueron inigualables, teníamos muchas cosas
en común, no pasó mucho tiempo para que comenzáramos a hacer todo juntos. Una
de esas tardes recordé para mí que ya te había visto antes, en una mañana de
invierno, yo llegando tarde al colegio me asomé a la ventanilla de la entrada,
ésa que todos los niños usaban para bromear con el portero. Me acerqué y me
acomodé el cabello mientras practicaba una tímida sonrisa, que en ese tiempo no
me parecía para nada atractiva, hasta que vi del otro lado del espejo una
pequeña silueta frente a mi… eran tus ojos mirándome… Ese día, eran tus ojos
los que vi y a los que por primera vez no aparte la mirada aunque estuviera
avergonzado. Ese recuerdo, que tu has de haber olvidado seguramente ése mismo
día, vino a mi una tarde en la que caminábamos de regreso a casa. Recordarlo me
hizo tropezar. Cuando tenga el suficiente valor te lo confesaré para que puedas
saber al fin… porque resbalé esa tarde.
A mi modo de ver los cambios de estación eran la excusa
perfecta para que cada día te vieras más linda, hay tantas cosas que escribí
para ti en estos meses, tantas historias que me gustaría que leyeras ¿Desde
cuando las clases se volvieron mi excusa perfecta para volver a verte? Cari… no
me atreví a preguntar si el sonrojo en tu rostro el día en el que te
preguntaron qué sentías por mi fue solo de vergüenza o si se debía algo más,
nunca me atreví a preguntarte yo lo que sentías por mi, nunca me atreví a
averiguar lo que sentía por ti. Pero hoy, hoy me acabas de pedir que nos
prometamos terminar juntos el colegio y yo… yo escribí esta carta para ti
porque las emociones que me haces sentir se desbordan por completo de mí y
escapan de mis manos a manera de canciones, de versos, de historias, cuentos
con los que quisiera arrullarte siempre… Hoy, quiero entregarte todo lo que tú
has hecho en mí, quiero pedirte que prometamos estar juntos para siempre,
quiero sentirme siempre cerca a ti…
Cari, yo estuve en tu casa esta noche para decírtelo pero te
encontré llorando, te encontré triste, nunca te había visto así… quise quedarme
pero me fui, lo entendí unas horas después con tu llamada, con tu voz
resquebrajada me decías que no podía ser, que lo lamentabas, que no ibas a
estar para cuando las clases comenzaran… “Es el trabajo de mis padres, otra vez
tendremos que viajar, vamos a mudarnos les he pedido quedarme pero me han dicho
que no que soy muy chica para estar lejos de ellos perdóname Douma… no quiero
irme…” Cari… esa noche me pedías perdón aunque no era tu culpa, esa noche
lloraste por el teléfono junto a mi y yo no pude consolarte… cómo lo hubiera
hecho si apretaba muy fuerte los dientes para no llorar. Esa noche comencé a
sentir un vacio muy hondo en la boca del estomago como si la vida me enseñara
por primera vez que no puedo tenerlo todo aunque todo lo que buscara estuviese
en una sola persona…
Esa noche encogido con los brazos en mis rodillas y mi
cabeza bajo mis hombres contemplando la oscuridad que yo mismo había formado
con mi cuerpo y teniendo tu llanto resonando por los rincones de mi mente
apreté la carta que escribí para ti muy fuertemente entre mis puños tuve la
sensación de que nunca llegaría a tus manos… sintiendo el primer dolor
inimaginable de mi niñez transformándose en juventud, aprendiendo por primera
vez a contener mi llanto y a encontrar respuestas a las preguntas que nunca
espere hacerme me quedé dormido… soñando cual sería la mejor solución ya no
para un niño sino para hombre, un hombre que siempre quisiera proteger a la
mujer que quiere aunque todo a sus ojos llorosos se lo impida…
¿Puedes creer que han pasado ya varios días desde que no nos
vemos? El viaje fue en verdad agotador, no sé porque tengo una sensación
rara en la boca del estomago, debe ser
la angustia. Douma ¿Cómo crees que sea mi vida en esta ciudad? A veces me
angustia mucho pensar que no encaje tan bien como lo hice en nuestro colegio.
Todo sería más fácil si estuvieras aquí, me ayudarías, me sentiría mejor
teniéndote cerca. Lamento que no hayamos podido terminar el colegio como nos
prometimos pero con el trabajo que
tienen mis padres nunca se sabe. Aunque
en verdad creí que esta vez nos quedaríamos más tiempo, fue el más largo de
todos y a la vez se siente como si hubiera sido el más corto… prométeme algo, cuando
las clases comiencen y las tareas se calmen un poco vendrás a visitarme ¿sí?
Aunque sea una vez…
Hola Douma, al principio pensé que seria difícil y a pesar
de que me ha costado un poco me he hecho de muy buenos amigos aquí. Sé que te agradarían
mucho si los conocieras. Dime ¿Cómo van las cosas por ahí? ¿El gimnasio sigue
clausurado? ¿Cómo esta Maru? Espero lo estés cuidando bien dime ¿Me extraña? ¿Lo
haces tú? Cuando terminan las clases y regreso a casa ninguno de mis amigos
vive por donde yo así que tengo que hacer mi ruta sola. Sabes, extraño nuestras
pláticas, nuestras conversaciones fueron únicas, creo que era verdad cuando me
decías k eras raro ¿fue gracioso no? Aquella vez en la que te caíste por estar
distraído y ver a cualquier lado menos a donde deberías ¿Algún día me dirás lo
que distrajo? Este fin de semana vendrán unos familiares a mi casa así que creo
que tendremos que esperar hasta la próxima semana para vernos Dime ¿Qué te
parece el domingo?… ¿Ya sabes cómo llegar? En estos días te mandaré un dibujo
de mi casa para que no te pierdas. Cuídate mucho espero verte pronto…
Douma, lo siento este domingo no podrá ser surgió algo de último
momento lo siento de verdad, te lo explicaré luego, perdóname…
¡¡Oye!! ¿Que pasó? hace muchos días que no sé de ti seguro
debes de estar ocupado la verdad yo también, hay tantos trabajos estos días que
ya ni tiempo tengo para descansar y lo peor es que la próxima semana son los
examen de mitad de ciclo ¿Puedes creerlo? ¿Tan rápido? Que te parece si terminando esta
semana ahora si cuadramos bien una fecha para vernos dime ¿Podrías traer a Maru
ese día? Quisiera ver que tanto ha crecido. Cuídate mucho Douma y ¡¡escríbeme!!
Douma ¡Me haz dejado sorprendida! No sabia nada de ti y lo
primero que me entero son estas historias que escribes ¿De verdad son tuyas? ¿De
verdad te han pasado? No sabia que escribías tan lindo ojalá alguien me
escribiera algo así alguna vez… no sé
por qué pero aunque no me lo haz dicho te imagino en todas esas historias que
escribes y de verdad creo que eres tú y que si te han pasado espero que sigas
escribiendo así ¡Me encanta! además quisiera saber mas de ti, fuera de nuestros
mensajes. Cuídate mucho ¿si?
Hola Douma siento no haberte respondido es que he estado
algo ocupada y la verdad es que me he sentido mal, no sé lo que me pasa me
gustaría tanto hablar contigo pero no creo que pueda, quisiera escucharte, que
me ayudaras con todo esto… me siento destrozada, herida y lo peor es no tener a
alguien a quien decírselo, pero espero que tu estés bien, cuídate mucho ¿si? Ya
no estés llegando tarde a tus clases…
No, no te preocupes no es bueno que faltes a tus clases por
eso yo seré fuerte ya no debo ser tan sentimental, tratare de distraerme
recordarlo me lastima demasiado…
Hola Douma gracias por ese escrito si que fue gracioso
¡bastante! descuida ya estoy… ¡Demasiado
mejor! Créeme. Suerte en tu semana yo aquí la estoy pasando bien…
Hola ¿Eras tú el del mensaje? lo siento he estado con muchas
cosas esta semana la verdad quisiera descansar de todo, me gustaría
desaparecerme por unas semanas si es que no para siempre…
Lo siento, lo que menos quiero es hacerte sentir mal, ahora
ya estoy mejor sé que tengo muchas cosas que cambiar soy muy caprichosa y engreída,
creo que no te diste cuenta de eso cuando vivía allá ¿no? Por lo menos nunca me
lo hiciste notar. Creo que es verdad lo que leí de ti la ultima vez a veces hay
cosas que necesitamos cambiar porque hacen daño a quienes queremos pero si es
nuestra forma de ser ¿Estaría bien hacerlo? Siempre me dejas pensando cuando te
leo quizá por eso me encanta lo que escribes…
Vaya ya termine mis trabajos ahora solo queda alistarme para
los exámenes finales Douma ¡Puedes creer que ya estamos fin de ciclo! Que
increíble estos meses han sido muy difíciles que bueno que ya se terminan. No
te preocupes por no habernos visto seguro haz de haber estado muy ocupado al
igual que yo además el viaje de ciudad a ciudad es muy largo y pesado, te
entiendo no te preocupes que te parece si terminando los exámenes hacemos un
esfuerzo y quedamos para vernos ¿si? Tú me avisas esta vez seguro que si la
hacemos hay que poner nuestras ganas en ello ¡Ahora tendremos todas las
vacaciones para hacerlo! Nos vemos Douma cuídate mucho ¿sÍ? Y suerte en los
exámenes ya nos veremos pronto.
Douma, Douma ¿estas ahí? no sé como decírtelo me duele mucho
esto, mis padres quieren que pasemos navidad en la casa de mis abuelos no
podremos vernos sino hasta año nuevo, lo siento debes estar cansado de que siempre
termine postergándolo todo… prometo que será la última vez ni bien regresemos
te prometo que será yo quien tomara el tren de ida para verte, espérame por
favor.
… Douma ya no puedo más me he sentido terrible estos días
mis padres me han confirmado lo que yo sospechaba no estamos aquí solo por las
fiestas, nos vamos a mudar aquí, no voy a regresar, ahora estaremos más lejos
aún. Ya no podré ver a mis amigos, ya podremos vernos… siento que todo se me
viene abajo, no puedo evitar sentirme triste, no puedo parar de llorar… No
podré ver a nadie nunca más…