Sabes, creo que siempre el rojo fue mi color favorito, desde
antes de conocerte siempre me llamó la atención, solo que, cuando te conocí
pude entender el porque y pude darle una razón a mi gusto imaginario. Quien iba
imaginar que aquel color que siempre pintaba mi nariz en los días de lluvia me
permitiría conocerte algún día…
-
Oye, disculpa estoy a la mitad de algo muy
importante y pues… no encuentro uno de mis colores ¿Crees que me podrías prestar el tuyo? – Uhm…
y que color necesitas… - Rojo…
Yo creo que cuando se es niño todo es más sencillo y el
mundo es más pequeño, los juegos son más divertidos y hablar no resulta tan
pesado, pero para mi, aquel día fue el primero y el único día en el que me puse
nervioso por hablar con alguien y el único día en el que me fue difícil hablar
contigo. Ahora, creo que es increíble como pasamos toda esa tarde juntos: Dibujando,
pintando, platicando, viéndonos sonreír. Hoy, algo que no supe en ese momento
es que ése fue el día en el que decidí volverme escritor porque comprendí que
quería dibujar como tú ya lo hacías y que teniéndote cerca ya no sentía la
necesidad de esforzarme más en alcanzar algo que tú ya me dabas. Supongo que
también fue en ese momento en el que comencé a admirarte.
Ambos éramos unos
niños enfermizos así que preferíamos las lecturas a los juegos de campo en las
horas de recreo. Los días de ese año fueron inigualables, teníamos muchas cosas
en común, no pasó mucho tiempo para que comenzáramos a hacer todo juntos. Una
de esas tardes recordé para mí que ya te había visto antes, en una mañana de
invierno, yo llegando tarde al colegio me asomé a la ventanilla de la entrada,
ésa que todos los niños usaban para bromear con el portero. Me acerqué y me
acomodé el cabello mientras practicaba una tímida sonrisa, que en ese tiempo no
me parecía para nada atractiva, hasta que vi del otro lado del espejo una
pequeña silueta frente a mi… eran tus ojos mirándome… Ese día, eran tus ojos
los que vi y a los que por primera vez no aparte la mirada aunque estuviera
avergonzado. Ese recuerdo, que tu has de haber olvidado seguramente ése mismo
día, vino a mi una tarde en la que caminábamos de regreso a casa. Recordarlo me
hizo tropezar. Cuando tenga el suficiente valor te lo confesaré para que puedas
saber al fin… porque resbalé esa tarde.
A mi modo de ver los cambios de estación eran la excusa
perfecta para que cada día te vieras más linda, hay tantas cosas que escribí
para ti en estos meses, tantas historias que me gustaría que leyeras ¿Desde
cuando las clases se volvieron mi excusa perfecta para volver a verte? Cari… no
me atreví a preguntar si el sonrojo en tu rostro el día en el que te
preguntaron qué sentías por mi fue solo de vergüenza o si se debía algo más,
nunca me atreví a preguntarte yo lo que sentías por mi, nunca me atreví a
averiguar lo que sentía por ti. Pero hoy, hoy me acabas de pedir que nos
prometamos terminar juntos el colegio y yo… yo escribí esta carta para ti
porque las emociones que me haces sentir se desbordan por completo de mí y
escapan de mis manos a manera de canciones, de versos, de historias, cuentos
con los que quisiera arrullarte siempre… Hoy, quiero entregarte todo lo que tú
has hecho en mí, quiero pedirte que prometamos estar juntos para siempre,
quiero sentirme siempre cerca a ti…
Cari, yo estuve en tu casa esta noche para decírtelo pero te
encontré llorando, te encontré triste, nunca te había visto así… quise quedarme
pero me fui, lo entendí unas horas después con tu llamada, con tu voz
resquebrajada me decías que no podía ser, que lo lamentabas, que no ibas a
estar para cuando las clases comenzaran… “Es el trabajo de mis padres, otra vez
tendremos que viajar, vamos a mudarnos les he pedido quedarme pero me han dicho
que no que soy muy chica para estar lejos de ellos perdóname Douma… no quiero
irme…” Cari… esa noche me pedías perdón aunque no era tu culpa, esa noche
lloraste por el teléfono junto a mi y yo no pude consolarte… cómo lo hubiera
hecho si apretaba muy fuerte los dientes para no llorar. Esa noche comencé a
sentir un vacio muy hondo en la boca del estomago como si la vida me enseñara
por primera vez que no puedo tenerlo todo aunque todo lo que buscara estuviese
en una sola persona…
Esa noche encogido con los brazos en mis rodillas y mi
cabeza bajo mis hombres contemplando la oscuridad que yo mismo había formado
con mi cuerpo y teniendo tu llanto resonando por los rincones de mi mente
apreté la carta que escribí para ti muy fuertemente entre mis puños tuve la
sensación de que nunca llegaría a tus manos… sintiendo el primer dolor
inimaginable de mi niñez transformándose en juventud, aprendiendo por primera
vez a contener mi llanto y a encontrar respuestas a las preguntas que nunca
espere hacerme me quedé dormido… soñando cual sería la mejor solución ya no
para un niño sino para hombre, un hombre que siempre quisiera proteger a la
mujer que quiere aunque todo a sus ojos llorosos se lo impida…

No hay comentarios:
Publicar un comentario