viernes, 20 de diciembre de 2013

FRAMMENTO VENTÉSIMO: MONTREAL


¿Podrías ser tú? ¿Después de tanto tiempo…?

“Una fantasía se me ancla en la cabeza, se dibuja con el humo de tabaco blanco envejecido. “

Tú... hormigueas mis dedos como solías hacerlo, besas la palma de mis manos como aún lo puedo recordar.  Como un pestañeo, como algo que me ha entrado de golpe en la retina te he cogido al caminar… Y a mitad de este camino, un día cualquiera, la rutina de mis pasos tambalea de sorpresa. Hay una emoción añeja que hoy he vuelto conocer.  Tu ilusión,  tu ilusión se hace precisa. Necesito sacarte de mi mente, revivirte de mis dedos… de mi cuerpo, pero te deslizas con el sonido de las piedras en el río, como un hilo de color en la madeja de mis días te pierdo en la costumbre, con los giros del momento, te pierdo en el sueño de los que no pueden dormir y yo ya no puedo dormir, no como antes y no puedo guardarte en la memoria (como antes). Esta memoria como mi vida se ha vuelto ahora una valija llena de cosas que yo no elegí vivir...”

Montreal dejo en mí un cálido sabor a vino francés en el último día de mi despedida, han sido cuatro años de mi vida dedicados a esta ciudad. Mientras tomó el taxi de camino al barco reseño mi vida de invitado por sus calles, reseño a la hermosa chica parisina que caminaba el bulevar conmigo. Y finalmente mientras la popa se aleja de sus costas me preguntó si he sentido el tiempo transcurrido. Llegue aquí esperando encontrar olvido y la tempestad tranquila de nuevas emociones pero en este obscurecer, casi llegando a las seis, muchas lunas después, siento que parto con grandes preguntas en la cabeza… con más historias que antes, pero con menos lazos de los que tuve al arribar.

El barco zarpó. La marina ante mis ojos golpea mis recuerdos, humedece mi entereza robándome una lágrima que excuso con la sal del viento – “Es el agua de mar que lastima los ojos…” – Me digo para no sentirme avergonzado. Montreal habría sido una linda ciudad para vivir toda una vida si solo me hubiera convencido de tal hecho.

En Montreal los días transcurren como si las vidas de las personas no tuvieran fin. El renacimiento de sus calles suspendidas en el tiempo oculta de manera casi imperceptible la modernidad de la ciudad. Las casas son como lienzos de Renoir. Retratos cotidianos quedan capturados en sus muros con tanta facilidad que por mucho y aún hasta ahora creo en la ciudad de velo impresionista que alguna vez dulcemente llamaste hogar.

Pero hoy… al fin siento que te he perdido, después de mucho tiempo, siento por ti. Suprimí tanto dolor que con los días fui perdiendo vitalidad me volví un ser humano más, un pasajero del reloj, de los terceros, un conserje más en el piso del mundo.  ¿Y ahora? Que hago ahora que te tengo aquí. Como esquivar la curva del olvido…


Espero me perdones Vivien pero marcharme fue lo único que atiné a hacer… tan hermosa como fue, Montreal en esos días solo me traía recuerdos tristes y tan aletargado en mi vida como estuve no quise volver atrás… así fue que lo mejor que pude hacer por ti fue llevarte conmigo a vivir a otro lugar, mi último regalo hacia ti, mi primer amor, fue seguir conociendo el mundo.


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